Lentamente despertó, se dio cuenta de que estaba vivo y respiró hondo llenando los pulmones y ya completamente lúcido oyó de nuevo el canto de la calandria que desde el altísimo eucaliptus de la casa de enfrente saludaba al sol cinco minutos antes de que este apareciera; seguramente fue lo que lo despertó. Podía pensar ancho y profundo. Una enorme paz iluminada lo rodeaba. Percibió olores de ropa, de muebles, de transpiración. Miró de reojo a su mujer que dormía profunda y completamente destapada.
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jueves, 8 de septiembre de 2011
domingo, 7 de agosto de 2011
Cuentos de mi abuelo, primera entrega: "Secreto de confesión"
Con este cuento empieza una serie de cuentos que escribió mi abuelo Roberto Holstein en la década del '70 y '80. Se podría decir que los escribimos juntos, porque hoy, 30 años después, lo cambio un poquito. Un personaje bohemio, ateo, acérrimo defensor del comunismo, preso político, impregnado del olor a los dos atados de Particulares que fumaba por día, y más que nada con una mente llena de creatividad, sensibilidad y, por qué no, acidez. Con el honor y los principios por sobre todas las cosas, ahora sí: pluma en mano y la tinta en el tintero, para luego pasar, ya listo, a la máquina de escribir Underwood:
Como decía, es un tipo muy agradable y cordial: no lo cuento entre mis feligreses y supongo que no lo voy a contar nunca. Dado que trabaja al lado de la iglesia nos vemos continuamente y se puede decir que somos amigos. Es evidente que el trabajo no le da prestigio social, ni beneficios económicos y ni siquiera lo buscan tanto él como sus compañeros. Simplemente se brindan en esa sala de auxilios que les da más dolores de cabeza que otra cosa. Él dice que
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